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MINISTERIO DE LA FAMILIA
El ministerio de la Familia de la Renovación Carismática Católica de Chile fue creado el año 2007 sobre la base de un grupo de matrimonios de la Renovación que, durante ocho años, ha estado dedicado a impartir retiros a través del país para llevar a los esposos a un encuentro personal con Jesús. Con ello hemos procurado compartir la maravillosa aventura del amor que es el matrimonio para toda la vida.
El objetivo de este Ministerio es proclamar el mensaje de JESUS a los cónyuges para que estos siembren la semilla en la célula fundamental de la sociedad que es la familia e igualmente promuevan y faciliten el conocimiento de buenas prácticas educativas para los hijos y de relación de esposos, logrando así hacer vida la iglesia doméstica.
La Familia es la célula fundamental de la sociedad pero esta célula debe estar bien enraizada en su núcleo, y éste es Cristo. Por ello, entregamos a continuación algunos pensamientos de la exhortación apostólica del siervo de Dios, Juan Pablo II: FAMILIA, CAMINO A LA SANTIDAD, que nos orienta sobre la misión de la familia cristiana en el mundo actual.
La santidad nos habla de espiritualidad como el esfuerzo mayor que debe hacer el matrimonio para salir de las crisis que le toca vivir. Dado que el término amor se ha convertido en una de las palabras que más se usa, y de las que se abusa para llamar amor a cosas y actos que poco tienen que ver con el amor, reflexionemos brevemente sobre qué es el amar.
Frecuentemente se busca la posesión del otro y no el encuentro con el otro ya que todo encuentro debe nacer de un dar. Al amor se lo busca dando. El amor nace y crece dando.
Si no es dando nunca descubriré el amor en letras grandes.
Amar es hacer ausencia de si y presencia del otro y es frecuente que para que el amor madure haya que sufrir, haya que renunciar.
El amor nunca envejece, madura si, como vino añejado, tiene otro sabor, tiene otra fuerza. El amor es una larga paciencia. El amor necesita de tiempo. El amor o es constructor o destruye lo que está a su alrededor. Es desde el amor en la familia que superamos las crisis.
Así como la ternura da perfume a la trivialidad de lo cotidiano, en el matrimonio hay que avanzar desde la realidad al ideal. No al revés. En la sociedad de hoy importa más la figuración que ser buen padre o buena madre. El amor verdadero siempre duele en el decir de Teresa de Calcuta. Y es que entrar en el amor siempre es doloroso, siempre va acompañado de situaciones que duelen. Procurar que toda nuestra vida atraviese por la puerta del amor hace doler la carne, en palabras del P. Javier Albisu sj.
Desde la superación de las crisis es que se logra la renovación, que no es más que una nueva conversión desde la cual toda familia sale fortalecida como tal. La familia es signo de iglesia en la medida que viva como la iglesia doméstica.
Esa pequeña iglesia doméstica se asienta viviendo en comunión con todos sus integrantes.
Esa comunión les hace crecer en su conversión, es un vivir una espiritualidad familiar que nace del vivir la espiritualidad conyugal. Que no es otra cosa que vivir las cosas del espíritu juntamente con el otro, sea esposo o esposa. De una espiritualidad de los esposos, de una espiritualidad de a dos, irradiará el vivir una espiritualidad toda la familia.
No pretendamos que una familia sea una familia apostólica, si antes no hay una espiritualidad conyugal, familiar y solidaria. A esos elementos de vida debemos agregar la evangelización trasformándose todo en una actitud de vida, es todo un programa de vida.
En la nueva evangelización los laicos, es decir la familia, tiene un papel preponderante en llevar adelante una pastoral. Pastoral familiar quiere decir acompañar, hacer un seguimiento y eso forzosamente lo deben hacer los laicos, las familias.
Antiguamente fueron los misioneros, los curas, los que llevaron la evangelización a América.
Ahora en la nueva evangelización serán los laicos, los que deben llegar con la palabra de Dios a muchos lugares que el sacerdote no puede llegar. La familia debe ser el corazón de la nueva evangelización. La iglesia doméstica debe ser transmisora del mensaje. Y no sólo diciéndolo, sino viviéndolo.
El mundo moderno no sigue al que habla. Si sigue al que habla, es porque trabaja y vive lo que dice. Los laicos son la avanzada de la Iglesia. En una guerra la avanzada es los que van adelante. En una palabra los que reciben las bofetadas, los que reciben la peor parte.
Cuando alguien se ría de tu testimonio, cuando alguien ironice sobre lo que dices y haces, recuerda que eres esta avanzada que Juan Pablo II dice necesitar en la Iglesia.
¡Hay que atreverse a ser avanzada!
¡Hay que atreverse a recibir las bofetadas!
Autor: Salvador Casadevall
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